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HOMENAJES
ADIÓS A UN AMIGO UN HOMBRE DEL RENACIMIENTO

…y sigue la escondida senda… Fray Luis de León, Vida retirada A principios del mes de octubre nos abandonaba, tras larga enfermedad, Alberto Sánchez, dinamizador cultural, escritor, fotógrafo, cineasta, hombre fuerte en el Festival de Huesca y colaborador de prácticamente todas las muestras audiovisuales de esta nuestra región. Armado de su cámara fotográfica y con su hermano Julio siempre a cargo de la técnica, Alberto nos ofrecía desde su personal punto de vista su imagen del mundo, de donde era capaz de exprimir la poesía de lugares tan poco proclives a priori para ella como los materiales de construcción. Parte de ella la pudimos contemplar durante la pasada edición de la SCIFE en Fuentes de Ebro, en una bella exposición previa al homenaje que recibieron los hermanos Sánchez Millán por parte de sus amigos allí presentes. En cuanto a su producción literaria, aparte de sus incontables artículos en prensa diaria y revistas especializadas, publicó los libros Chaplin (1990) y Carlos Saura (1991). Tertuliano ideal, sincero hasta en ocasiones despertar algunas fobias, de su capacidad para crear ciclos y secciones bien pueden dar cuenta los programas de su querido Festival de Huesca y las originales cenas de cine que institucionalizó en La Almunia y que se siguen celebrando cada año tanto allí como en la capital oscense. Crítico implacable a la vez que juicioso, sabía como buen escritor de la tierra de Gracián ser conciso pero preciso en sus apreciaciones, y no dudábamos casi nadie de sus allegados en pedirle consejo siempre que no supiésemos como enfocar alguna tarea. Dotado de una socarrón sentido del humor, de él puedo contar un buen ramillete de divertidas anécdotas que harían dibujar una sonrisa en el rostro de quien las leyera, si bien prometo desde aquí hacerlo en otra ocasión más propicia y con más espacio para desarrollarlas. No era infrecuente encontrarlo a la entrada o salida de algún cine donde nos terminábamos juntando con los Perdiguer, Alarcón, Laporta, Ajenjo, Gracia, y en donde se formaba un conciliábulo improvisado de amigos que hablaban de su pasión común: el cine. Recuerdo una tarde de domingo de cartelera poco sugerente coincidir con Alberto en unos céntricos cines para ver cierto filme que se había colado de rondón en una de las salas pequeñitas; me contaba que si no le veía al final de la proyección porque la película no le había enganchado, es que tenía otro acto esa misma tarde y escaparía antes de acabar. Cuando se encendieron las luces, Alberto me mandó un saludo y una sonrisa de satisfacción. Habíamos visto El hombre del tren. Desde la organización del Festival de Zaragoza sentiremos durante este año que falta alguien de la familia en las proyecciones, alguien que formó parte de nuestro proyecto como jurado, como consejero y como desinteresado cicerone de los muchos invitados con los que él había trabado conocimiento en sus visitas por las diferentes muestras que frecuentaba. Trabajó hasta el final de sus días y este año en su último Huesca, a pesar de todo, me sentí bien al ver a Alberto en su silla de batería haciendo lo que a él le gustaba: llegar a todos los lugares en donde se celebraban los actos él solo, como buen espíritu libre y como había venido haciendo durante tantos años.
Miguel Ángel Marco
PREMIO CIUDAD DE ZARAGOZA LOLA DUEÑAS

No quiero ni puedo presumir de saber más de Lola Dueñas que Javier Rebollo, quien la ha dirigido en cuatro cortometrajes y en su ópera prima, el largometraje Lo que sé de Lola (2006). Rebollo parece conectar bien con su química como actriz ya que siempre, sus interpretaciones para sus filmes, han sido de lo más destacable de sus trabajos. Queda claro que nuestro encabezamiento quiere ser un humilde remedo y homenaje a ese título. Y además, quiere también rememorar algunas de sus interpretaciones, algunas de sus logradas metamorfosis en personajes que soportan una dosis importante de verdad sobre sus hombros. Tengo muy reciente la Lola (¡mira por donde!) de Yo, también (de Antonio Naharro y Álvaro Pastor, 2009), una película en la que da replica a Pablo Pineda, persona y personaje (Daniel) comparten Síndrome de Down y estoy seguro llegaron a cautivar a la compleja Lola de la película, y a la actriz, hija del actor Nicolás Dueñas y de María Navarro (manager de la popular tonadillera Isabel Pantoja). Era fácil presagiar que esta joven, pero ya experimentada (nacida un 6 de octubre de 1971) constructora de personajes repletos de verdades, sería capaz de mostrar un duende especial que habría de manifestarse en los platós de los mejores directores, pero también al servicio de algunos jóvenes creadores en busca de caminos expresivos. Destacan Alex, la impulsiva cocinera entre dos hombres, en Fuera de carta (Nacho García Velilla, 2008), la soberbia y “popular” Sole de Volver (Pedro Almodóvar, 2006), la imponente Rosa de Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004). Dos pesos pesados del cine español (Almodóvar y Amenábar) ya descubrieron sus posibilidades, su solidez como creadora y modeladora de sus personajes. Otros, se anticiparon, como el mencionado Rebollo, Salvador García Ruíz (es una dulce y verosímil “yonki” en Mensaka de 1998), Ramón Salazar (es Daniela en Piedras, historia compleja y coral rodada en 2002)… Lo que admiro de Lola, insisto, son sus imponentes metamorfosis como Susana, Claudia, Lola, Dolores, Carmen, Cristina, Amanda, Elisa, Teresa, Ainhoa, Estela, Txell, Daniela, Matilde, Susana Ramos, Macarena, Rosa, Sole, Alex, Laura, “una lectora de labios”, “la hermana de Rebeca”, siempre mujeres apasionantes y apasionadas, en registros que van de la comedia pura y dura, al más poderoso de los melodramas. Si buscan esos nombres en su filmografía se encontraran con una de las mejores y más brillantes trayectorias actorales del reciente cine español, y esa es la razón fundamental por la que el Festival de Cine de Zaragoza ha decidido, con las mejores y más poderosas razones, darle el Premio Ciudad de Zaragoza a todas estas mujeres, algunas innominadas, pero todas con un cacho de la enorme alma de Lola Dueñas, a la que todavía le quedan muchos de esos trozos por entregárnoslos transformados en memorables mujeres de cine…
Roberto Sánchez
PREMIO MANUEL ROTELLA AGRUPACIÓN ARTÍSTICA ARAGONESA

En esta decimocuarta edición se concede por vez primera el Premio “Manuel Rotellar”, para distinguir a una entidad o persona por su dedicación y esfuerzo en todo lo concerniente al cine en Aragón. ¡Qué nombre tan afortunado! Tan olvidadizos como somos este galardón honorífico es también memoria. Indudablemente, Manuel Rotellar (1923-1984) es una personalidad imprescindible para el cine en nuestra región. Un auténtico pionero que dedicó por completo su vida al arte cinematográfico. Con poco más de 20 años ya era el encargado de la programación del Cine Club de Zaragoza y llegó a ser director del mismo. Su trayectoria es muy amplia y abarca unos 40 años de historia en los que llevó a cabo numerosas muchas actividades. De todas ellas podemos destacar, por su vinculación directa con nuestra tierra, los ciclos dedicados a lo aragonés o los aragoneses en cine que llevó a cabo entre los años 1970 y 1974. En los últimos años fue director del Departamento de Investigación y Archivo de la Filmoteca de Zaragoza, desde su creación a comienzos de los ochenta. Su temprano fallecimiento truncó un camino en el que todavía tenía mucho que hacer y decir. Este premio es asimismo un homenaje a su persona. Por unanimidad, se ha decidido que el primer reconocimiento sea para la Sección de Cine de la Agrupación Artística Aragonesa. Esta sociedad cultural se fundó en 1918. En un principio se dedicó sobre todo al arte teatral y lírico, pero pronto surgieron otras secciones. La de cine se creó a finales de los ochenta con el nombre de Sefilma (Sección Filmográfica Audiovisual). Por el grupo han pasado personas como Enrique Susín, Patxi García, Chema Novoa, Pilar Ibarzo, Carlos Pallarés, Luz Gabás, Javier Estella o José Manuel Fandos. Su cabeza visible es Pedro Aguaviva, un incansable hombre de cine. Desde su debut en 1975 no ha dejado de dirigir, convirtiéndose así en el decano de los realizadores amateurs de Aragón. Lo interesante del colectivo es que no se ha ceñido exclusivamente a la elaboración de cortometrajes sino que además ha organizado cursos de formación en lenguaje audiovisual, cuando apenas había formación reglada en la ciudad, o ha desarrollado muestras de cine en el momento en que Zaragoza carecía de festival cinematográfico. Su apoyo a la difusión del cine hecho en Aragón y/o por aragoneses desde el ámbito aficionado ha sido encomiable y totalmente necesario. Sefilma no sólo ha recogido el espíritu de la desaparecida Tertulia Cinematográfica Aragonesa sino que ha sabido mantenerlo durante mucho tiempo prolongando el arrojo y valentía de los pioneros, llevando a cabo una actividad fundamental de promoción del cine en todas sus facetas, con un fuerte espíritu crítico cuando ha hecho falta. Todo esto y más lo convierten en absoluto merecedor de este primer galardón Manuel Rotellar. ¡Gracias por vuestro trabajo y enhorabuena!
Luis Antonio Alarcón
APOYO AL CORTOMETRAJE TXEMA BLASCO

Si hay en el mundo un actor generoso que tan pronto compone un personaje importante de un largometraje de un director conocido, como luego trabaja en un cortometraje de un director novel de 18 años hecho en vídeo y con cuatro duros, está claro que hablamos de Txema Blasco, gran actor y mejor persona. Desde que en 1981 le pudimos ver en La fuga de Segovia de Imanol Uribe encarnando a un juez, hasta 2009, Txema ha intervenido en más de sesenta largometrajes entre los que se encuentran algunos de los títulos básicos del cine español en los 80 y 90 como Tasio, de Montxo Armendáriz, Vacas, de Julio Medem, Todo por la pasta, de Enrique Urbizu, Alas de mariposa, de Juanma Bajo Ulloa o Salto al vacío, de Daniel Calparsoro. También le hemos podido ver en filmes más recientes como Aunque tu no lo sepas, de Juan Vicente Córdoba, la inolvidable Carne de gallina, de Javier Maqua, la extravagante Shevernatze, de Pablo Palazón, Cachito, de Urbizu, Cuando vuelvas a mi lado, de Gracia Querejeta, La gran vida, de Antonio Cuadri, Obaba, de Armendáriz, 2 rivales casi iguales, de Miguel Ángel Calvo Buttini, Todos estamos invitados, de Manuel Gutiérrez Aragón, o su último filme hasta la fecha Hector y Bruno, de Ana Rosa Diego. Pero si algo hemos comentado como característica intrínseca a la personalidad de este señor de Vitoria, ésta es su generosidad, ya que Txema ha trabajado en, nada menos que 126 cortometrajes desde los años 80 hasta la actualidad (más que Saturnino García y Mariví Bilbao). No hay director de cortometrajes en este país que no admire a Txema como se merece, por su implicación y gran profesionalidad, por su manera de vivir el cine y el teatro. Por no hablar de la cantidad de montajes teatrales en los que ha participado y lo popular que se ha hecho su rostro por intervenir en series de televisión como Cuentamé cómo pasó, Los Serrano, El comisario, Hospital central, Periodistas... Yo he tenido la ocasión de trabajar con Txema en dos cortometrajes 100 maneras de hacer el pollo al txilindrón, donde Txema se homenajeaba a sí mismo recordando la locura del abuelo de Vacas, de Julio Médem, así como en Looking for Chencho, donde este magnífico actor se convertía en el chofer de autobús más borde que nos podemos imaginar. También hemos trabajado juntos en mi primer y único largo hasta la fecha El síndrome de Svensson, donde el genial cómico reinventa al personaje protagonista de Una historia verdadera de David Lynch. Creemos que Txema se lo merece y por eso es la persona idónea para ser homenajeado en un festival tan prestigioso como el de Zaragoza. ¡Viva Txema!
Kepa Sojo
DEL CORTO AL LARGO TRISTÁN Y DAVID ULLOA

El primero actor y el segundo realizador, llevando a cabo también otras labores en el mundo de la televisión; cada uno con un largo recorrido en el mundo del audiovisual y además hermanos. Un buen día deciden dirigir juntos y realizan un estupendo cortometraje llamado Ciclo (2002), con el que participaron en nuestro Festival ganando el premio a la mejor BSO. A partir de su participación en Zaragoza surgió una bonita amistad y en el terreno profesional auguramos que si volvían a hacer algo juntos el resultado sería perfecto. Cuánta fue nuestra alegría al enterarnos que su segundo trabajo unidos como directores no iba a ser un cortometraje, sino un largometraje titulado Pudor (2007). Esta película obtuvo, entre otros premios, la Biznaga de Plata a la Mejor Actriz (Elvira Mínguez) en el 10º Festival de Cine Español de Málaga. Su excelente debut fue visto por 48.200 espectadores y recaudó 257.684,83€ (datos del Ministerio de Cultura), lo que está muy bien para un filme intimista y que no puede competir en promoción con otras producciones. En la actualidad están preparando su segundo largo, también dirigido conjuntamente. Probablemente se empiece a rodar el próximo año. Desde aquí les animamos a sacarlo adelante y a seguir realizando películas juntos, pues los resultados hasta ahora han sido excelentes. Podríamos hablar mucho sobre los trabajos que de forma individual han hecho cada uno de ellos. Solamente por ello ya se merecerían un reconocimiento, pero el tributo que les rendimos es por su trabajo como realizadores que en su día hicieron un cortometraje y que después han dado el paso al largometraje. Un camino que nunca es fácil y que demuestra la valentía, inconsciencia dirían otros, de quienes lo emprenden. Este merecido homenaje a unos magníficos profesionales, además de amigos del Festival, tiene como objeto reconocerles el esfuerzo, la constancia, el buen hacer y especialmente que les sirva como estímulo para seguir su carrera, sin desanimarse en sacar adelante su siguiente proyecto y los que con toda seguridad vendrán. Nuestro apoyo siempre lo tendrán.
FCZ
TALENTO JOVEN MARIO CASAS

Este joven actor gallego, nacido en el año 1986 en A Coruña, tuvo muy claro desde pequeño que quería ser actor. Sus primeros trabajos fueron en proyectos publicitarios, con tan solo 8 años. Y algo más tarde, en 2004, inició sus estudios de interpretación en la escuela de Cristina Rota. A sus 23 años, Mario es un intérprete con una trayectoria que avanza paso a paso, pero ya con importantes trabajos realizados y una gran proyección de futuro. Gran parte de su carrera se ha desarrollado en la televisión. Sus inicios fueron en 2005 en la telenovela Obsesión, de TVE, donde interpretaba a un joven que tocaba el piano y se ocupaba de proteger a su chica. Ese mismo año participó en la serie Motivos personales, protagonizada por Lydia Bosch y Marta Calvo. La fama llamó a sus puertas gracias a la revelación del año 2006 en La Sexta, el serial juvenil SMS, donde interpretaba a un joven maltratado por sus compañeros. Ese mismo año llega su primera incursión en el cine, nada menos que de la mano de Antonio Banderas en El camino de los ingleses, donde tuvo como compañeros de viaje, entre otros, a Fran Perea y Félix Gómez. Su personaje es un apasionado del sexo y las mujeres, pero con gustos muy diferentes al resto de sus amigos, siendo el más pequeño e inmaduro de todos. Un regalo que no desaprovechó. En 2007 llega su gran personaje para la televisión. Es en la serie Los hombres de Paco, donde encarna el papel de Aitor Carrasco, el nuevo becario de la comisaría de San Antonio, que volverá loca a Sara y dará más de un disgusto a Lucas. Con este personaje llega la popularidad definitiva para este joven actor. Es el punto de partida de una carrera sin freno y hacia delante. En 2008 protagoniza dos películas, Mentiras y gordas y Fuga de cerebros, que además de convertirse en sendos éxitos de taquilla, ofrecen la imagen de un joven actor con un prometedor futuro. Por todo ello otorgamos el premio Talento Joven a Mario Casas, porque apostar firme por él es un valor seguro.
FCZ
TALENTO JOVEN ALEXANDRA JIMÉNEZ

Aragón se puede sentir orgulloso de haber visto nacer a un buen número de reconocidos cineastas a lo largo de la historia. Y eso sigue ocurriendo con una nueva cantera de jóvenes talentos que, con ilusión y constancia, desarrollan su trabajo detrás y delante de las cámaras. Alexandra Jiménez es un claro ejemplo de esto último. “Elegante, femenina y directa cuando se dirige a los demás. Es muy buena amiga” reza el significado de su nombre, de origen griego. Desde niña siempre quiso ser actriz, aunque su primera pasión fue la danza. Disciplina, armonía y equilibrio fueron tres constantes durante los años en que se formaba en el Estudio de Danza María de Ávila, de Zaragoza, y en el Real Conservatorio Profesional de Danza, de Madrid, siendo bailarina profesional a los 15 años. Pero una lesión en el pie derecho y su admiración por las grandes Shirley MacLaine y Anne Bancroft hicieron que se encaminara hacia el mundo de la interpretación. Con 19 años se trasladó a Madrid para formarse como actriz, mientras trabajaba como camarera para pagar los estudios. Sus primeros trabajos televisivos fueron en series como Periodistas, Policías o Compañeros. Pero fue su interpretación de África en la serie Los Serrano la que la hizo popular. En 2006 consiguió por este personaje una nominación al Premio de la Unión de Actores. Tras finalizar la serie, Alexandra se incorporó al equipo de La familia Mata. En la gran pantalla debutó con La fiesta (2003), a la que siguieron Fuera de carta (2008) y Spanish Movie (2009), en la que realiza una parodia de la Raimunda de Volver. Y también ha encontrado tiempo para colaborar en cortos como Anillos de Saturno, El mono de Hamlet o A Mario. Su pasión por la interpretación la ha llevado hasta los escenarios, en obras como Fin del mundo, todos al tren, 5mujeres.com o La fierecilla domada. En su última aventura televisiva, La pecera de Eva, encarnará a una psicóloga de instituto. Un paso más en la carrera de una actriz que ha sabido cimentar un éxito trabajado y merecido, contando siempre con el apoyo de la familia y de todos los suyos. El trabajo y los momentos felices compartidos con ellos constituyen sus verdaderos logros y son los que hacen disfrutar verdaderamente a Alexandra, y a nosotros con ella. Aragón se siente orgullosa de nuestra Shirley MacLaine particular.
José Luis Calejero
ENTIDAD QUE APOYA AL AUDIOVISUAL ESPAÑOL FILMAX

Filmax Entertainment es una compañía independiente con capital 100% español y vocación internacional, dedicada a la creación, producción, postproducción, distribución y exhibición de contenidos audiovisuales para la industria del entretenimiento. Filmax ocupa una posición de referencia como proveedor de contenidos audiovisuales, contando con un catálogo de más de 3.900 obras entre largometrajes, series, documentales y tv movies que responden a las sensibilidades culturales y a los diferentes criterios de audiencia nacionales e internacionales. Por todo ello y por otras muchas cosas más, el Festival de Cine de Zaragoza otorga este más que merecido reconocimiento a una entidad que apuesta y apoya al audiovisual español y que tiene como máximo responsable a una persona que ama el cine y que en su día apostó firmemente por llevar adelante este gran proyecto, ese es Julio Fernández.
JULIO FERNÁNDEZ PRECURSOR DE UN GRAN SUEÑO DE CINE
Me han hecho una encerrona. Me han pedido que escriba una palabras sobre Julio Fernández y, sinceramente, no sé por dónde empezar. Nunca creí que fuera difícil escribir sobre alguien tan cercano a mí y que admiro tanto, personal y profesionalmente. Y ahora que me encuentro en esta situación no sé por donde empezar. Así que comenzaré por el principio. Julio Fernández nació en una aldea de Galicia, con 14 años emigró hacia la Coruña donde trabajó como camarero. Cuando tuvo los ahorros suficientes emprendió un viaje hacia Barcelona donde comenzó vendiendo libros, pisos, bujías para coches, abrió una tienda de chucherías y montó una discoteca donde, por cierto, hacía de discjockey y os aseguro que hoy en día ¡sigue haciendo ese papel muy bien! Sobretodo cuando vamos a Galicia. Sólo necesita música latina, unos buenos altavoces y a bailar con mucho “¡riiitmooo!”, como él mismo diría. Con sólo 23 años ya tenía a treinta personas a su cargo y era “El Mejor Vendedor de Pisos”, título que ganó durante varios años consecutivos (su casa está llena de placas al mejor vendedor). A los 27 había creado un pequeño imperio inmobiliario. Estuvo varios años trabajando en este sector, pero desde que vio su primera película siendo un adolescente, supo que quería dedicarse al cine. Así que, como buen luchador que ha sido siempre, decidió comenzar en el mundo del videojuego. Más adelante, fascinado por el vídeo que permitía ver las películas en casa, y como buen cinéfilo que era, emprendería la gran aventura de su vida. Un viaje a Hollywood que le cambiaría la vida. No tenía ni idea de inglés, no sabía qué es lo que iba a hacer, pero se disponía a comerse el mundo. Su tesón, su inquietud y el destino hicieron que se dedicara a lo que más le gustaba, el cine. Su carisma y simpatía había podido con todos. Así nació Filmax hasta convertirse en lo que es hoy, el estudio audiovisual de referencia eurolatino, con más de 400 trabajadores, dedicado a la producción, postproducción, distribución y exhibición de contenidos audiovisuales. Sí, le admiro por ser como es, carismático, emprendedor, visionario, gran comunicador, y por ganarse a diferentes personas por su simpatía y agudeza. Y ahora que escribo su historia me resulta impresionante ver cómo ha llegado donde ha llegado, que para mí es muy alto, pero claro, ¡qué voy a decir si soy su hija! No sólo le admiro como padre, sino que ahora también le admiro profesionalmente. Estoy orgullosa de él por haber conseguido su sueño pero lo mejor es que él está convencido de no haber hecho nada. Siempre me dice “todo lo que he hecho ha sido para divertirme”, y yo le digo, “¡tú lo que eres es un fiestero!” y, la verdad, no me quita la razón. En Galicia monta una fiesta para todo el pueblo. Nos juntamos más de 100 personas. Hay comida, orquesta y baile, ¡nos lo pasamos bomba! Su familia, su gente y el cine son sus grandes pasiones y la generosidad una de sus grandes virtudes. La pasión por el cine es algo, sin duda, que nos ha contagiado. De pequeñas, mi hermana y yo, veíamos las películas de dibujos que había adquirido, y luego quería saber si nos habían gustado. El “problema” era que nos explicaba la película con tal entusiasmo, fuerza y pasión que si no nos gustaba, ¡nos acababa gustando! Yo todavía no sé cómo lo hace, pero como él dice, es un enamorado. Estoy convencida de que cuando lea estas palabras pensará que él no ha llegado a nada y sí al principio de todo. Puede ser que sea así, pero no para sus hijas.
Laura Fernández
ASECIC Y LA FIGURA DE ZÚÑIGA

El cine “científico-educativo”: CINE por pleno derecho La imagen fija surgió, sobre todo, al intentar plasmar en algún tipo de soporte lo que podíamos ver con nuestros ojos, ya que a lo largo de la historia la comunicación gráfica ha sido uno de los medios que hemos tenido los hombres de transmitir conocimiento. Desde las primeras marcas y pinturas en las cuevas hasta la imagen generada en bits, por complicadísimos procesos físicos y matemáticos, son muchos los trabajos de investigación en el descubrimiento y mejora de materiales y equipos que han permitido que en la actualidad casi no haya nada que no podamos fotografiar. Pero no fue el mismo proceso el que experimentó la llegada de la imagen en movimiento. La necesidad de poder ver y estudiar lo que pasaba en la naturaleza fue lo que llevó a desarrollar una tecnología que, partiendo de los descubrimientos de Niépce en 1826, permitiera entre otras cosas parar el movimiento. No se trataba, en un principio, de poder ver imágenes en movimiento, sino todo lo contrario, se necesitaba congelar lo que pasaba en la realidad para, gracias a esa fotografía, poder estudiar e investigar estos fenómenos fisiológicos. Mucho antes de la famosa proyección el 28 de diciembre de 1895, considerada como el inicio del cine de entretenimiento, Jules Janssen, astrónomo, había registrado el tránsito de Venus a través del disco solar en 1874, un artefacto construido por él, llamado “revólver fotográfico”, que permitía realizar exposiciones sucesivas de un segundo de duración sobre una placa fotográfica circular. Ya el propio Janssen planteaba el interés que podía tener su descubrimiento para la investigación en todas las áreas de la fisiología y el movimiento; la única limitación venía dada por la rapidez necesaria para poder parar y poder visualizar el movimiento y la baja sensibilidad de las emulsiones de la época, que obligaba a realizar exposiciones largas que no permitían congelar el movimiento. En 1870, aún antes de la proyección de París, Edgard J. Muybridge consiguió, mediante la colocación de 24 cámaras en un carril, congelar el galopar de un caballo. Las imágenes en colodión húmedo demostraron las sucesivas posiciones de las patas del caballo y que, efectivamente, había un momento en que ninguna de ellas estaba sobre el césped del hipódromo. El excelente resultado de este sistema llevó a Marey en 1882 a desarrollar el “fusil fotográfico” que, con placas de bromuro de plata, lograba 12 imágenes por segundo. En los años siguientes diseñó el “cronógrafo”, que utilizaba un rollo de papel fotosensible que permitía tomas de 20 imágenes por segundo. Este artilugio sería lo más parecido a lo que hoy en día llamamos cámara de cine. Cronológicamente todo esto tuvo lugar antes de la proyección de los hermanos Lumière. Sin duda a todos estos trabajos debemos llamarles “desarrollos” en vez de inventos, ya que fueron diseñados y creados ante una necesidad de los científicos en poder avanzar en el conocimiento del mundo que les rodea. Creo que no resulta exagerado compararlos con la importancia para la ciencia que en el siglo XXI ha tenido el conocimiento del código genético. El rápido y lógico desarrollo del cine de entretenimiento ha dejado un poco al margen esta actividad de los cineastas que dedican sus conocimientos a un formato que también ha cambiado mucho en los últimos veinte años. Los documentales realizados por los propios investigadores, destinados a demostrar sus teorías o para un público mas especializado, han dejado paso a las producciones actuales que podíamos llamar “científico-educativas”, que son verdaderas obras concebidas y desarrolladas como cualquier otro trabajo cinematográfico, de principio a fin. Muy próximo su decimoquinto aniversario, el Festival de Cine de Zaragoza, una vez más, se coloca a la cabeza de las innovaciones en este tipo de encuentros de “cine generalista”, creando junto con la Asociación Española de Cine e Imagen Científicos una sección específica para documentales “científico-educativos”. Una sección que esperamos que colabore para que el trabajo de realizadores, guionistas y directores españoles de este campo del cine vean reconocido su trabajo por la sociedad, pero también por los colegas “del otro cine” que, como hemos visto, nació gracias al esfuerzo y la tecnología de los investigadores de finales del siglo XVIII. Los premios que se otorgarán este año deben su nombre a Guillermo Fernández López Zúñiga, del que este año 2009 celebramos el centenario de su nacimiento, y que es el fundador de la ASECIC. Zúñiga es uno de los pioneros del cine científico en España, pero además trabajó como realizador y productor en multitud de películas comerciales en España y en Argentina durante su exilio. Amigo personal de figuras como Alberti, Bardem o Berlanga, colaboró con ellos en varias de sus producciones. Destaca su participación en las Misiones Pedagógicas y fue también director gerente de UNICI. El premio al mejor trabajo producido o realizado por una universidad española toma el nombre de Eugenio Tutor Larrosa, zaragozano muy relacionado con la Universidad de Zaragoza. Su trabajo como veterinario y profesor lo compaginó con la producción de los primeros trabajos de cine veterinario en España. El cine científico en nuestro país estará en deuda siempre con Tutor que, con el patrocinio del Servicio Cultural de la Caja de Ahorros de la Inmaculada, creó y dirigió durante doce ediciones el Festival de Cine Científico de Zaragoza, que en sus últimas convocatorias añadió a su encabezamiento “en español”. Este festival tristemente desaparecido deja solo en el esfuerzo de poder dar a conocer este tipo de producciones a la Bienal Internacional de Cine Científico Unicaja de Ronda. Resulta imprescindible en España, donde es prácticamente imposible ver en las salas comerciales documentales, el apoyo de los festivales “generalistas” a este otro cine que también lo es.
Rogelio Sánchez Verdasco Secretario general de ASECIC
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